December 25, 2012 § Leave a comment

A medida que el tren avanzaba, los paisajes de mi país adoptivo, se metamorfoseaban en los retratos de mi infancia.
Los edificios, los arboles, las estaciones… compañeros de otros tiempos.

Los vagos se llenan de gente que murmulla en lenguajes ininteligibles para mi, como abejas en un enorme colmenar sobre raíles  Se hace extraño que en un lugar, tan familiar, todavía no logre comprender los esbozos de palabras a mi alrededor.

Quizás algunas de esas personas, qué, igual que yo hace cinco años, se aventuran y llegan aquí con las mismas ilusiones yo al partir, y a quienes todo estos paisajes les resultaran extraños, exóticos o puede que incluso inhospitalarios. Todos estos lugares qué tan bien conservados quedaron en mi reminiscencia. Y qué hoy de nuevo se presentan ante mi, recordándome el placer del rencuentro, del magnifico placer de viajar al pasado, sin mover un pie del presente.

Se escuchan de nuevo voces en el pasillo del tren, un fuerte acento alemán grita “Buenos días”, acallando al silencio estrepitoso del traqueteo del tren.

Anuncian la llegada del tren, los enjambres se llenan de viajeros contentos de regresar a casa, que charlan entre ellos en español. Ya estoy en casa, se apresuran mis neuronas a anunciar, y aunque tiempo ha que no moro aquí, mi subconsciente siempre me anuncia, tu casa sigue aquí.

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